El calcio y el magnesio son esenciales para el crecimiento de los cultivos y la alimentación animal. El encalado (encalado con cal) aumenta la fertilidad mineral de los suelos ácidos.
Los cultivos requieren un nivel de pH específico para un crecimiento óptimo. Las lluvias y, actualmente, las prácticas agrícolas intensivas provocan la acidificación del suelo. Corregir el pH del suelo es necesario para mantener el rendimiento a lo largo de los distintos ciclos agrícolas y temporadas de crecimiento; para ello, se han desarrollado diversos productos a base de cal o dolomita calcinada.